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Haidan el lavandero

El viajero tiene algunas necesidades aunque no lo parezca, y muchas obligaciones si nos ponemos a analizar la huella de nuestras exploraciones o colonizaciones. Aunque yendo a lo prosaico, podemos decir que lavar la ropa es una de las pocas tareas del día a día que uno se lleva a cuestas cuando viaja, y no suele el trotamundos cargar con una lavadora portatil en la mochila para resolver ese problema.

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Joven malayo y motorista feliz

Ante esta necesidad cabe hacer dos cosas: o bien, lavar la ropa a mano como mandan los cánones mochileros; o bien pagar por ese servicio en una lavandería, como aquella en la que conocimos a nuestro personaje de hoy: Haidan, el lavandero.

Fue ver a dos extranjeros por el barrio lavando la ropa en su negocio y todo fueron ganas de ayudar. Su cortesía y su sonrisa al atendernos nos llevan a retratarlo ahora aquí para llamar la atención sobre el miedo, casi siempre infundado, que nos da ‘el otro’ y más si es extranjero (de los pobres) y ya ni te digo si además es musulmán.

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No es el lavandero, aunque  bien merece una entrada

Haidan el lavandero fue una de las primeras personas que conocimos al comenzar nuestro viaje por el Sudeste Asiático y confirmó lo que ya sabíamos, que la empatía sigue siendo moneda de uso corriente en muchos rincones del planeta. Conocerlo fue como reconciliarnos con el mundo tras haber intentado huir del mismo.

A pesar del reinado planetario de esa forma de vida en la que la exclusión social está normalizada; a pesar del modelo económico y social que a veces exportamos en nuestras mochilas sin darnos cuenta; a pesar de las bombas que todavía hay sembradas en el mundo; a pesar de todo, puede que un día te cruces con un lavandero como Haidan y comprendas que todavía hay esperanza.

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Este señor tampoco es Haidan. Lamentablemente no tenemos fotos suyas 😦

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