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El taxista del Papa

13/03/2013

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Taxi aparcado en la colonia Escandón, Mexico DF

Madrugaba un día de marzo cuando pisé por primera vez Ciudad de México, con el propósito –casi desconocido por mí mismo- de cambiar el rumbo a una vida estrictamente europea. Aquel día, en el ocaso del otoño, sellaron por primera vez mi inmaculado pasaporte.

Las primeras impresiones me llegaron desde el interior de un taxi destartalado. Su chofer, un señor cincuentón que escuchaba  atentamente la radio, reconocía sin reparos no saber muy bien cómo llegar al lugar que yo le indicaba, estaba tan concentrado en las noticias sobre el recién elegido Papa que ni prestó atención a mis indicaciones, pero aún así comenzó a circular como si no hubiese una contradicción en el hecho de empezar la carrera sin saber hacia adónde. Me pareció extraño, pero pensé -serán cosas propias de aquí- y a pesar del miedo con el que llegué a México me dije -tendrás que confiar-.

De repente el taxista abandonó con un simple giro de volante la avenida principal por la que circulábamos y se escurrió entre unas calles estrechas. Creí entonces que ya estábamos llegando al destino y que se me había pasado volando el trayecto en taxi, pero nada más lejos de la realidad. Entre esas callejuelas, justo enfrente de una floristería llena de coronas funerarias -algo que yo no quería interpretar como un presagio- el taxi se detuvo. El señor apagó la radió poniendo fin a la tertulia de los teólogos sobre el Papa Francisco, y volviendo la cabeza a la parte trasera del auto, me miró fijamente y me dijo:

-Bienvenido a México señor.

-Gracias-le respondí austeramente.

-¿Puede repetirme señor el nombre de esa calle? ¿En qué colonia dice usted que estaba?

Como si no me sorprendiese estar parados delante de aquel lugar, y como si conducir desorientado unos diez minutos antes de detenerse a comprobar el mapa fuese algo habitual, respondí:

-Es la calle José María Vigil, colonia Escandón – le confirmé mientras miraba imprudentemente una nota donde tenía las señas.

Mostré con ese gesto que yo era un novato forastero en aquella ciudad, y hacer esas declaraciones es muy poco recomendable en México, porque ya se sabe que muchos de los taxistas chilangos son expertos en la identificación de extranjeros despistados, y si solo fuese eso… pero no solo los identifican, sino que también los desangran.

Creí en ese instante que aquella floristería sería un punto y final, y aunque no recuerdo si recé, seguro que por un instante tuve ganas de hacerlo después de tanto escuchar a los teólogos. Qué ridículo convertirme nada más pisar suelo mexicano en un desaparecido, en una de los 25.000 personas que aproximadamente dejan de existir cada año en ese país, ¿se imaginan la Ciudad de México vacía, con todos sus habitantes evaporados? Pues sucede algo así, que la gente allí se evapora masivamente.

Pero eso no ocurrió, el taxista revisó su manido callejero de guantera, arrancó la máquina, conectó la radio y poco después volvíamos a circular por avenidas. Al oír el sonido del motor y escuchar de nuevo a los teólogos, conseguí relajarme un poco y afortunadamente se evaporaron mis malos pensamientos, pudiendo al fin volcarme un poco en la contemplación de ese monstruo llamado DF. Lo que vi a través de aquella ventanilla ya es otra historia que os contaré más adelante.

Súbitamente  sonó el freno de mano.

-Son seiscientos pesos-, dijo el taxista.

Busqué el dinero que tenía escondido y saqué un par de billetes con la cara de Diego Rivera.

-Aquí tiene señor-, le respondí mientras sentía que me desangraba.

Al mismo tiempo, la radio reproducía las primeras palabras de Jorge Mario Bergoglio:

-“Recen por mí…”, decía.

diego-riveraFIN

Chilango, ga.

1. adj. coloq. Méx. Natural del Distrito Federal, en México.

2. adj. coloq. Méx. Perteneciente o relativo al Distrito Federal.

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Col & Durian: dos señoras de la calle

Este martes llévese dos por el precio de uno, como en Los Invasores de Albacete. Dos personajes que viven en la calle y que tienen que soportar que tuk-tuks, ciclomotores y camionetas las rodeen cada día, a veces haciendo un uso indebido, abusivo y molesto del claxon.

La mayor vive en Kampot, al sur de Camboya, tiene fama de ser sabrosa aunque su olor es desagradable para el humano medio. La otra tiene su domicilio en la avenida principal de Berastagi, que aunque parezca un pueblo de Guipúzcoa está en el norte de Sumatra, la sexta isla más grande del mundo. No sé si tienen nombre, pero merecen ser llamadas Col & Durian, las Bonnie & Clyde de las rotondas asiáticas.

Así es amigo, estamos hablando de rotondas, de dos de las rotondas favoritas de En Clave de Viaje después de haber recorrido muchos kilómetros por las carreteras del Sudeste Asiático. Ambas están dedicadas a alimentos, y es que claro¿no será mejor rendir tributo a lo que nos da de comer cada día que a algún personaje que pueda sembrar discordia como un torero o un dictador de esos que no le caen bien a todo el mundo?

Que te gusta más la rotonda del aeropuerto de Castellón de Juan Ripollés, pues sólo podemos decirte una cosa -no tienes ni idea de arte-. Col & Durian son sin ir más lejos, plástica y simbólicamente superiores a toda la obra arquitectónica de Santiago Calatrava, y por eso sugerimos desde aquí un hueco para ellas en el MoMA de Nueva York o en Museo Provincial de Albacete si es que los americanos no las quieren exponer. Aunque si deseamos realmente que estas piezas sean comunales, lo mejor sería ponerlas en Los Invasores de Albacete o en Los Martes de Toledo para que cada semana, al ir a hacer la compra, recordásemos lo que es esencialmente importante, al margen de políticos, dictadores o toreros.

Durian:

Ampliamente conocida y reverenciada en el sureste de Asia como el “Rey de las frutas”, su nombre proviene de la palabra malaya duri (espina) con el sufijo -an, (usado para crear pronombres), y dando como resultado “fruta espinosa”

Fuente: Wikipedia

 

 

Kuala Lumpur (II): de las tres culturas

Llegamos a Kuala Lumpur, conocida coloquialmente como KL habiendo hecho escala en Abu Dabi y después de 16 horas de vuelo con Etihad Airlines. Los motivos que nos trajeron hasta aquí son en parte un impulso del que ya os hablamos en otra entrada.

Cuando llegamos a KL no esperábamos encontrarnos con una ciudad tan contaminada, pero definitivamente el aire no era nada fresco. Nos sorprendió bastante ver a la gente usando mascarillas pero tampoco le dimos mucha importancia.

En el aeropuerto no tuvimos ningún problema, puesto que los españoles podemos estar tres meses en Malasia como turistas sin necesidad de visado. Aquí comenzaba nuestra aventura. La sensación era de riesgo porque el dinero que teníamos para viajar daba para mucho menos de lo que queríamos hacer.

Del Aeropuerto Internacional de Kuala Lumpur (KLIA) a la ciudad se puede ir en taxi, claro está; en tren; y en bus, que es la opción más barata y la que nosotros elegimos.

El  autobús nos dejó en Chinatown: comenzaba el caos. Lo primero que sentimos al bajar de él fue un manotazo de aire cálido y húmedo que nos recordaba lo cerca que estábamos del ecuador.

No tardamos mucho en observar que Malasia era una tierra culturalmente rica.

Estábamos sentados en la terracita de un mamak*, pedimos el típico roti canai con un té tarik (muy malasio todo), cuando fuimos conscientes de lo que había a nuestro alrededor, mucha gente y muy distinta, de orígenes diferentes, charlando, riéndose en algunos casos y compartiendo el mismo espacio. Nos pareció tan bonito que nos quedamos embobados viendo a esa gente india, china y malaya trazando puentes donde se supone que podría haber barreras de idioma (incluso de alfabetos), de costumbres, de religión. Se puede decir que el que viaja a Malasia en cierta medida también visita parte de la India y China, y todo al mismo precio, tres por el precio de uno.

 *Mamak:

Se puede decir que debido a la ubicuidad de su aparición en ciertos países el mamak es una fusión de culturas culinarias de asia, símbolo de armonía multiracial. La gente de todas las razas, religiones y edades venden y ofrecen alimentos en los establecimientos mamak.

Fuente: Wikipedia

En Malasia por tanto es muy difícil sentirse extranjero, el motivo es bastante sencillo, gran parte de los que viven aquí tienen sus raíces biológicas en la India o en China, de hecho no hay que remontarse muchas generaciones para dar con el primer inmigrante que decidió dejar su país y establecerse en Malasia en busca de una vida mejor.

Y ya si pensamos en la capital, una gran metropoli multicultural, multireligiosa y multiétnica, lo de sentirse forastero es casi un imposible, y decimos casi porque desgraciadamente las personas olvidan rápidamente de donde vienen y el racismo para con bangladesíes o indonesios tenemos motivos para pensar que existe.

¿Os suena de algo lo del clima de entendimiento entre tres culturas? ¿Sabéis qué ciudad de España se conoce así, como “la ciudad de las tres culturas”?

Déjanos un comentario si te ha gustado o te ha sido útil esta entrada 🙂

 

Haidan el lavandero

El viajero tiene algunas necesidades aunque no lo parezca, y muchas obligaciones si nos ponemos a analizar la huella de nuestras exploraciones o colonizaciones. Aunque yendo a lo prosaico, podemos decir que lavar la ropa es una de las pocas tareas del día a día que uno se lleva a cuestas cuando viaja, y no suele el trotamundos cargar con una lavadora portatil en la mochila para resolver ese problema.

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Joven malayo y motorista feliz

Ante esta necesidad cabe hacer dos cosas: o bien, lavar la ropa a mano como mandan los cánones mochileros; o bien pagar por ese servicio en una lavandería, como aquella en la que conocimos a nuestro personaje de hoy: Haidan, el lavandero.

Fue ver a dos extranjeros por el barrio lavando la ropa en su negocio y todo fueron ganas de ayudar. Su cortesía y su sonrisa al atendernos nos llevan a retratarlo ahora aquí para llamar la atención sobre el miedo, casi siempre infundado, que nos da ‘el otro’ y más si es extranjero (de los pobres) y ya ni te digo si además es musulmán.

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No es el lavandero, aunque  bien merece una entrada

Haidan el lavandero fue una de las primeras personas que conocimos al comenzar nuestro viaje por el Sudeste Asiático y confirmó lo que ya sabíamos, que la empatía sigue siendo moneda de uso corriente en muchos rincones del planeta. Conocerlo fue como reconciliarnos con el mundo tras haber intentado huir del mismo.

A pesar del reinado planetario de esa forma de vida en la que la exclusión social está normalizada; a pesar del modelo económico y social que a veces exportamos en nuestras mochilas sin darnos cuenta; a pesar de las bombas que todavía hay sembradas en el mundo; a pesar de todo, puede que un día te cruces con un lavandero como Haidan y comprendas que todavía hay esperanza.

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Este señor tampoco es Haidan. Lamentablemente no tenemos fotos suyas 😦

El joven monje que cambió los mantras por Justin Bieber

Os presentamos hoy a un personaje religioso con una particular visión del budismo, un joven novicio laosiano que conocimos en el monte Phousi, en el centro de Luang Prabang, en Laos.

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Tenía dieciséis años y su referencia musical era Justin Bieber. Hasta que nos dijo eso estábamos intentando tratarlo con cierta reverencia, o al menos con seriedad, pero pronto se perdió aquella magia de estar hablando por primera vez en nuestras vidas con un monje budista. Al rato se acercó su amigo y no sabemos cómo ni por qué pero no habían pasado ni cinco minutos desde que empezamos a hablar con ellos y ya estaban cantándonos la canción que habían aprendido ese día en la clase de inglés, y claro, ya después de escuchar el tema central de Titanic, My heart will go on, en boca de esos chiquillos terminamos de confirmar que “el hábito no hace al monje” y que un novicio de dieciséis años no deja de ser un adolescente con las inquietudes y “tontás” que habitan las cabezas de los que viven en esas edades de cambio en la estructura del cerebro.

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Nos hicieron pasar un momento agradable con sus historias. Entre otras cosas, nos comentaron que su educación no era gratuita; que sólo dormían unas cinco horas diarias; que no estudiaban música ni podían practicar deportes; que podían tomar té cuando les diese la gana aunque sólo comían dos veces al día. Por último, hablaron de su futuro, no querían ser monjes para siempre, uno de ellos quería ser piloto de aviones, como el Barón Rojo, mientras que el otro prefería ser cantante de éxito como tantos otros adolescentes que sueñan con convertirse en mito erótico de quinceañeras, aunque a decir verdad, estos dos tenían un registro lírico más propio de una Celine Dion de karaoke que de un Justin Bieber rompecorazones.

¿Sabías qué…

Al monte Phousi suben algunos monjes al atardecer, sobre todo jóvenes, a practicar su inglés aprovechando la concurrencia de extranjeros. Una buena manera y gratuita de aprender y mejorar un idioma: acudir al mentidero de los turistas para charlar con ellos.

Cameron Highlands, tierra de Defenders

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1.- Porque la temperatura es agradable en comparación con el resto de Malasia.

Los malasios, sobre todo de Kuala Lumpur, vienen buscando un lugar en el que refugiarse del calor tropical, puesto que aquí las temperaturas son siempre más bajas que en el resto de la península; y los mochileros siempre buscan lo mismo: belleza y aventura.

2.- Porque si te gusta el senderismo, es un lugar ideal para hacer trekking.

Si amas el senderismo has llegado a uno de los mejores lugares para practicarlo. La gente que va a Cameron Highlands busca eso, disfrutar de la naturaleza a pie.

3.- Porque si nunca has visto plantaciones de té, te van a impresionar las vistas.

Las plantaciones de té, para los que no las habíamos visto antes, son algo que no te deja indiferente. Lo que algún día fueron bosques frondosos, los ingleses lo convirtieron en un laberinto de bonsáis (que parecen setos) y que forman una retícula verde en las altas montañas.

Después de estar unos días en la capital de Malasia seguro que estás deseando huir del calor sofocante y para eso qué mejor opción que irse unos días a la montaña a disfrutar de la naturaleza que ofrece este increíble país.

Nuestro siguiente destino fue Cameron Highlands, una zona montañosa que se encuentra a unas 5 horas de KL.

Seguro que has visto esa estampa tan bonita de las plantaciones de té que te deja la boca abierta, pues es por esas imágenes que muchos viajeros y turistas deciden pasar unos días en este lugar y aventurarse a hacer algún trekking por la jungla. Muchos locales aprovechan los fines de semana para escaparse de la ciudad y gozar de la frescura de las montañas. Así que si vas a visitar Cameron Highlands y quieres estar lo más tranquilo posible, intenta que no sea durante el fin de semana.

 

Tanah Rata es uno de los principales pueblos de la zona. Nosotros llegamos allí, y la verdad es que no tiene mucho, es una carretera con establecimientos destinados al turismo: hostales y restaurantes. Hay hasta un Estarbak (término euskera para referirse a esa famosa cadena que sirve ‘café’ a precios desorbitados).

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¿Dónde alojarte bien y barato?

¿Has visto la serie Twin Peaks? pues entonces te hará gracia alojarte en el Twin Pines y descubrir quién mató a Laura Palmer. Los dueños son muy majos. El sitio está muy bien, es tranquilo, tiene un jardín bonito y unas mesas en las que sentarte a hablar con otros viajeros, a leer, a escribir…

¿Qué comer?

Casi siempre aquí en Malasia, nuestra opción favorita suele apuntar a restaurantes indios. En la calle principal de Tanah Rata hay uno llamado Restaurant Kumar, y nos atrapó tanto que casi todas las comidas y cenas las hicimos allí. Con la comida no se juega, así que cada vez que encontramos un sitio que nos gusta es difícil que nos movamos de allí.

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¿Qué hacer?

  • Tienes unas 11 rutas de trekking para perderte (si no llueve). Nosotros hicimos la ruta 1. Pero la mejor es la 10. Si te llueve y de todos modos quieres aventurarte, hazte con una bolsa impermeable; verás que es imprescindible para viajar por el sureste asiático y no terminar con la cámara de fotos y el móvil metidos en arroz. (os lo decimos por experiencia, no nuestra, sino de una  pareja Lituana).
  • Ver la flor más grande del mundo, la Rafflesia. Si es la temporada, claro. No siempre está disponible, y para poder verla, tienes que ir con un tour guiado. Por lo visto, además de ver la flor te llevan a unas aldeas aborígenes…hacen una especia de teatro para entretener a los turistas. No te lo recomendamos.
  • Visitar el Mossy forest (el bosque de musgo). Es un lugar de leyenda, la hipérbole de una fraga gallega, con fosos de sedimentos que pueden atraparte el calzado, una especie de ‘arenas movedizas’ (o eso dicen para que te animes a ir con un guía). Y lo mejor de todo es que en este bosque ¡no hay mosquitos!
  • Las plantaciones de Té BOH. Son muy bonitas pero cuando llegas pierde todo el encanto ver la terraza y el balcón con la cafetería llena de turistas. Nos decepcionó un poco eso.
  • Granja de insectos, si eres un amante de los animales no está mal, pero sin más. Cuidado porque si te pilla en temporada de lluvias y huyendo del agua terminas participando en una ruta organizada por una agencia, te llevarán a esos sitios quieras o no.

Consejos viajeros

No te recomendamos hacer excursiones con las agencias. Los trekkings se pueden hacer fácilmente por tu cuenta. Hacer dedo para bajar a las plantaciones desde el pueblo es posible, te lo decimos por experiencia. Hemos hablado con muchos viajeros que se decepcionan un poco con el sitio. Ten en cuenta que si llueve no tienes muchas opciones y probablemente acabes dándote un paseo con poco encanto, eso sí, en un Defender.

Kuala Lumpur (I): la neblina.

Andrés

Esta fue la primera conversación que tuvimos nada más pisar suelo malasio. No imaginábamos que Kuala Lumpur tuviese problemas tan graves con la calidad del aire, pero desde luego que no era normal la luz que se filtraba entre aquel humo blanquecino. Si unimos esa textura de filtro fotográfico ‘apocalíptico’ al calor y a la humedad propios de estas latitudes, podemos decir que no fue muy agradable el recibimiento.

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En un primer momento pensamos que la situación iba a mejorar, así que no le dimos mucha importancia y nuestros deseos de exploradores se centraron en la ciudad que era al fin y al cabo la protagonista. Pero conforme pasaban los días todo iba a peor, de hecho empezamos a ver demasiada gente utilizando mascarillas. Además, la palabra ‘haze’ repentinamente empezó a sonar en nuestros oídos, haciéndose un hueco en cada una de las conversaciones que teníamos con los autóctonos. Parece que había algo de lo que no nos estábamos enterando, hasta que un día nos informaron del porqué de la situación.

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El famoso ‘haze’, que en castellano se puede traducir como niebla, era fruto de la codicia de algunas personas que con el objetivo de enriquecerse estaban arrasando buena parte de los bosques de Indonesia (Sumatra y Borneo) con el siguiente modus operandi: quemando los bosques para convertirlos en monocultivos de palmeras de cuyos frutos se obtiene el aceite de palma, haciendo que la fauna que habita en esas regiones, una de las más ricas del mundo en lo que a biodiversidad se refiere, huya o muera quemada. El ‘negocio’ es de tales dimensiones que el humo resultante de ese crimen da para cubrir por completo Singapur, Malasia y parte del sur de Tailandia. Los beneficios producidos por el aceite de palma son los que están en el origen de esta barbaridad ecológica. Y lo triste es que este problema se repite cada año.

 

CONSEJO VIAJERO

Aunque esa niebla solo llega en una determinada época del año, si vas a viajar a Singapur o Malasia te recomendamos infórmate previamente del estado de la calidad del aire, sobre todo si tienes problemas respiratorios.

 

¿Sabías algo del ‘haze’ o de la quema de bosques en Indonesia? ¿Qué te parece lo que está ocurriendo en esta parte del mundo? Ya sabéis que siempre nos gusta escuchar vuestros comentarios.

 

Saludos y viajes

Andrés y Neka(ne)

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