Archivo de la categoría: Personajes

Andrei el grande

Tiene sus ventajas el haber pasado una temporada en el país más grande del mundo, porque por ejemplo, tras haber aprendido a chapurrear un poco la lengua de Tolstoi (y de Putin), nos ha sido más fácil conocer a Andrei, un escalador (entre otras cosas) cuya imagen no deja indiferente a nadie.

Dentro de las inútiles categorías que diferencian las edades de la vida, Andrei sería un “viejoven” por antonomasia, cabeza de viejo y cuerpo de joven, como una especie de bestia mitológica. Su barba blanca un poco a lo Dostoyevski y sus marcados abdominales nunca se han visto juntos formando parte de un mismo hombre, pero Andrei concilia esos contrarios con facilidad, como también es capaz de unir fácilmente su cuna rusa y las playas tropicales de Tailandia sin que nada chirríe.

Andrei es un escalador que trepa la pared a una velocidad que asusta, sin despeinarse, porque bajo la gorra de capitán marinero que luce solo hay una calva y debajo de la calva a saber qué guarda esa cabeza. Me pregunto si sería un gimnasta soviético o quizá un excombatiente de Afganistán o Chechenia, ¿cuántos años tendrá el bueno de Andrei?

Unos locales con los que compartimos cervezas y guitarreo nos dijeron que se dedicaba a captar turistas rusos que, o porque no saben inglés o porque prefieren un monitor que hable ruso, lo contratan a él de manera un tanto extraoficial como monitor de escalada, aunque hoy cuando hemos regresado a su cuartel para hacerle una foto hemos visto que no solo maneja el arte de la escalada sino que es un maestro de yoga y da clases en la playa sin aparentemente cobrar nada a cambio.

El ágil escalador, exgimnasta soviético o lo que quiera que sea Andrei, no necesita vestuario, se cambia allí en medio de la playa en un santiamén, al lado de un par de cuevas-santuario llenas de penes, pero eso no sé si merece la pena verlo.

El hombre del que hablamos es por tanto lo suficientemente personaje para compartir una breve semblanza suya en este espacio, así si venís a Krabi, concretamente a la playa de Phra Nang donde él tiene su centro de operaciones, podréis escalar o hacer yoga con él disfrutando de sus destrezas, y contemplar con vuestros propios ojos el pacto con el diablo que firmó Andrei, quién sabe si en una cueva de Siberia junto al mismísimo Putin, para no llegar nunca a viejo.

Tus comentarios son bienvenidos y nos animan a seguir adelante, así si quieres, comenta, comparte, disfruta y difunde.

¡Saludos y buenos viajes

El taxista del Papa

13/03/2013

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Taxi aparcado en la colonia Escandón, Mexico DF

Madrugaba un día de marzo cuando pisé por primera vez Ciudad de México, con el propósito –casi desconocido por mí mismo- de cambiar el rumbo a una vida estrictamente europea. Aquel día, en el ocaso del otoño, sellaron por primera vez mi inmaculado pasaporte.

Las primeras impresiones me llegaron desde el interior de un taxi destartalado. Su chofer, un señor cincuentón que escuchaba  atentamente la radio, reconocía sin reparos no saber muy bien cómo llegar al lugar que yo le indicaba, estaba tan concentrado en las noticias sobre el recién elegido Papa que ni prestó atención a mis indicaciones, pero aún así comenzó a circular como si no hubiese una contradicción en el hecho de empezar la carrera sin saber hacia adónde. Me pareció extraño, pero pensé -serán cosas propias de aquí- y a pesar del miedo con el que llegué a México me dije -tendrás que confiar-.

De repente el taxista abandonó con un simple giro de volante la avenida principal por la que circulábamos y se escurrió entre unas calles estrechas. Creí entonces que ya estábamos llegando al destino y que se me había pasado volando el trayecto en taxi, pero nada más lejos de la realidad. Entre esas callejuelas, justo enfrente de una floristería llena de coronas funerarias -algo que yo no quería interpretar como un presagio- el taxi se detuvo. El señor apagó la radió poniendo fin a la tertulia de los teólogos sobre el Papa Francisco, y volviendo la cabeza a la parte trasera del auto, me miró fijamente y me dijo:

-Bienvenido a México señor.

-Gracias-le respondí austeramente.

-¿Puede repetirme señor el nombre de esa calle? ¿En qué colonia dice usted que estaba?

Como si no me sorprendiese estar parados delante de aquel lugar, y como si conducir desorientado unos diez minutos antes de detenerse a comprobar el mapa fuese algo habitual, respondí:

-Es la calle José María Vigil, colonia Escandón – le confirmé mientras miraba imprudentemente una nota donde tenía las señas.

Mostré con ese gesto que yo era un novato forastero en aquella ciudad, y hacer esas declaraciones es muy poco recomendable en México, porque ya se sabe que muchos de los taxistas chilangos son expertos en la identificación de extranjeros despistados, y si solo fuese eso… pero no solo los identifican, sino que también los desangran.

Creí en ese instante que aquella floristería sería un punto y final, y aunque no recuerdo si recé, seguro que por un instante tuve ganas de hacerlo después de tanto escuchar a los teólogos. Qué ridículo convertirme nada más pisar suelo mexicano en un desaparecido, en una de los 25.000 personas que aproximadamente dejan de existir cada año en ese país, ¿se imaginan la Ciudad de México vacía, con todos sus habitantes evaporados? Pues sucede algo así, que la gente allí se evapora masivamente.

Pero eso no ocurrió, el taxista revisó su manido callejero de guantera, arrancó la máquina, conectó la radio y poco después volvíamos a circular por avenidas. Al oír el sonido del motor y escuchar de nuevo a los teólogos, conseguí relajarme un poco y afortunadamente se evaporaron mis malos pensamientos, pudiendo al fin volcarme un poco en la contemplación de ese monstruo llamado DF. Lo que vi a través de aquella ventanilla ya es otra historia que os contaré más adelante.

Súbitamente  sonó el freno de mano.

-Son seiscientos pesos-, dijo el taxista.

Busqué el dinero que tenía escondido y saqué un par de billetes con la cara de Diego Rivera.

-Aquí tiene señor-, le respondí mientras sentía que me desangraba.

Al mismo tiempo, la radio reproducía las primeras palabras de Jorge Mario Bergoglio:

-“Recen por mí…”, decía.

diego-riveraFIN

Chilango, ga.

1. adj. coloq. Méx. Natural del Distrito Federal, en México.

2. adj. coloq. Méx. Perteneciente o relativo al Distrito Federal.

Si te ha gustado el relato,compártelo con tus amigos 🙂 y si no te ha gustado, haz lo mismo pero con tus enemigos XD

Col & Durian: dos señoras de la calle

Este martes llévese dos por el precio de uno, como en Los Invasores de Albacete. Dos personajes que viven en la calle y que tienen que soportar que tuk-tuks, ciclomotores y camionetas las rodeen cada día, a veces haciendo un uso indebido, abusivo y molesto del claxon.

La mayor vive en Kampot, al sur de Camboya, tiene fama de ser sabrosa aunque su olor es desagradable para el humano medio. La otra tiene su domicilio en la avenida principal de Berastagi, que aunque parezca un pueblo de Guipúzcoa está en el norte de Sumatra, la sexta isla más grande del mundo. No sé si tienen nombre, pero merecen ser llamadas Col & Durian, las Bonnie & Clyde de las rotondas asiáticas.

Así es amigo, estamos hablando de rotondas, de dos de las rotondas favoritas de En Clave de Viaje después de haber recorrido muchos kilómetros por las carreteras del Sudeste Asiático. Ambas están dedicadas a alimentos, y es que claro¿no será mejor rendir tributo a lo que nos da de comer cada día que a algún personaje que pueda sembrar discordia como un torero o un dictador de esos que no le caen bien a todo el mundo?

Que te gusta más la rotonda del aeropuerto de Castellón de Juan Ripollés, pues sólo podemos decirte una cosa -no tienes ni idea de arte-. Col & Durian son sin ir más lejos, plástica y simbólicamente superiores a toda la obra arquitectónica de Santiago Calatrava, y por eso sugerimos desde aquí un hueco para ellas en el MoMA de Nueva York o en Museo Provincial de Albacete si es que los americanos no las quieren exponer. Aunque si deseamos realmente que estas piezas sean comunales, lo mejor sería ponerlas en Los Invasores de Albacete o en Los Martes de Toledo para que cada semana, al ir a hacer la compra, recordásemos lo que es esencialmente importante, al margen de políticos, dictadores o toreros.

Durian:

Ampliamente conocida y reverenciada en el sureste de Asia como el “Rey de las frutas”, su nombre proviene de la palabra malaya duri (espina) con el sufijo -an, (usado para crear pronombres), y dando como resultado “fruta espinosa”

Fuente: Wikipedia

 

 

Haidan el lavandero

El viajero tiene algunas necesidades aunque no lo parezca, y muchas obligaciones si nos ponemos a analizar la huella de nuestras exploraciones o colonizaciones. Aunque yendo a lo prosaico, podemos decir que lavar la ropa es una de las pocas tareas del día a día que uno se lleva a cuestas cuando viaja, y no suele el trotamundos cargar con una lavadora portatil en la mochila para resolver ese problema.

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Joven malayo y motorista feliz

Ante esta necesidad cabe hacer dos cosas: o bien, lavar la ropa a mano como mandan los cánones mochileros; o bien pagar por ese servicio en una lavandería, como aquella en la que conocimos a nuestro personaje de hoy: Haidan, el lavandero.

Fue ver a dos extranjeros por el barrio lavando la ropa en su negocio y todo fueron ganas de ayudar. Su cortesía y su sonrisa al atendernos nos llevan a retratarlo ahora aquí para llamar la atención sobre el miedo, casi siempre infundado, que nos da ‘el otro’ y más si es extranjero (de los pobres) y ya ni te digo si además es musulmán.

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No es el lavandero, aunque  bien merece una entrada

Haidan el lavandero fue una de las primeras personas que conocimos al comenzar nuestro viaje por el Sudeste Asiático y confirmó lo que ya sabíamos, que la empatía sigue siendo moneda de uso corriente en muchos rincones del planeta. Conocerlo fue como reconciliarnos con el mundo tras haber intentado huir del mismo.

A pesar del reinado planetario de esa forma de vida en la que la exclusión social está normalizada; a pesar del modelo económico y social que a veces exportamos en nuestras mochilas sin darnos cuenta; a pesar de las bombas que todavía hay sembradas en el mundo; a pesar de todo, puede que un día te cruces con un lavandero como Haidan y comprendas que todavía hay esperanza.

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Este señor tampoco es Haidan. Lamentablemente no tenemos fotos suyas 😦

El joven monje que cambió los mantras por Justin Bieber

Os presentamos hoy a un personaje religioso con una particular visión del budismo, un joven novicio laosiano que conocimos en el monte Phousi, en el centro de Luang Prabang, en Laos.

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Tenía dieciséis años y su referencia musical era Justin Bieber. Hasta que nos dijo eso estábamos intentando tratarlo con cierta reverencia, o al menos con seriedad, pero pronto se perdió aquella magia de estar hablando por primera vez en nuestras vidas con un monje budista. Al rato se acercó su amigo y no sabemos cómo ni por qué pero no habían pasado ni cinco minutos desde que empezamos a hablar con ellos y ya estaban cantándonos la canción que habían aprendido ese día en la clase de inglés, y claro, ya después de escuchar el tema central de Titanic, My heart will go on, en boca de esos chiquillos terminamos de confirmar que “el hábito no hace al monje” y que un novicio de dieciséis años no deja de ser un adolescente con las inquietudes y “tontás” que habitan las cabezas de los que viven en esas edades de cambio en la estructura del cerebro.

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Nos hicieron pasar un momento agradable con sus historias. Entre otras cosas, nos comentaron que su educación no era gratuita; que sólo dormían unas cinco horas diarias; que no estudiaban música ni podían practicar deportes; que podían tomar té cuando les diese la gana aunque sólo comían dos veces al día. Por último, hablaron de su futuro, no querían ser monjes para siempre, uno de ellos quería ser piloto de aviones, como el Barón Rojo, mientras que el otro prefería ser cantante de éxito como tantos otros adolescentes que sueñan con convertirse en mito erótico de quinceañeras, aunque a decir verdad, estos dos tenían un registro lírico más propio de una Celine Dion de karaoke que de un Justin Bieber rompecorazones.

¿Sabías qué…

Al monte Phousi suben algunos monjes al atardecer, sobre todo jóvenes, a practicar su inglés aprovechando la concurrencia de extranjeros. Una buena manera y gratuita de aprender y mejorar un idioma: acudir al mentidero de los turistas para charlar con ellos.

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